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Soy Ana Utrilla. Interiorista online desde 2016. Llevo más de diez años diseñando hogares con criterio, funcionalidad y una idea muy clara de fondo: una casa bonita no basta si no sostiene bien la vida de quien la habita.
Refugio sigue abierto en formato lista de espera para nuevos proyectos residenciales.

De pequeña no me interesaba tanto jugar con las muñecas como construirles la casa. Que fuera cómoda. Que estuviera pensada. Que no le faltara detalle. Cuando terminaba una, volvía a empezar otra.
De adolescente, en los Sims hacía exactamente lo mismo. Diseñaba casas durante horas y apenas jugaba. Lo que me interesaba era imaginar cómo podía vivirse bien dentro de un espacio.
Aunque el interiorismo siempre estuvo ahí, estudié Diseño Industrial porque quería entender mejor la ergonomía, los objetos y la relación entre utilidad y belleza. Después trabajé durante años como diseñadora gráfica en prensa. Era un buen trabajo. Pero no era mi lugar.
En 2009 llegó el paro. En 2011 murió mi madre con cincuenta años. Y entonces lo tuve claro: la vida es demasiado corta para no dedicarte a tu vocación.
Volví a formarme como interiorista. Y, con los ahorros cada vez más ajustados, tomé una decisión poco habitual entonces: construir mi propio estudio de interiorismo online. Era el modelo con menos riesgo para mí y, al mismo tiempo, el que más sentido tenía.

Aposté por hacer las cosas de otra manera y a mi favor. No tenía un mapa claro, pero sí una intuición muy fuerte: el modelo online podía sostener mejor el tipo de trabajo y de vida que quería construir.
Mi madre tenía un puesto de responsabilidad en una gran multinacional. Pasaba el día gestionando equipos, decisiones y presión. Y, aun así, al llegar a casa, cambiaba el chip por completo: seguía trabajando de otra manera.
Limpiando. Ordenando. Manteniendo una casa pensada más para estar presentable que para ser vivida. Era una mujer fuerte y capaz. Pero dentro de su casa seguía sosteniendo una exigencia silenciosa.
Eso me marcó mucho. Y ahí está, probablemente, el origen más profundo de mi forma de entender el interiorismo.
Creo en casas que faciliten la vida real. Casas que ayuden a descansar, a convivir mejor, a expresarse con libertad y a dejar de vivir pendientes de que todo siga impecable para los demás.
Por eso no diseño pensando solo en estética. Diseño pensando en cómo se usa un espacio, qué exige, qué bloquea y qué puede hacer más fácil.
Para mí, un hogar es un refugio. Un lugar donde poder bajar la guardia, ser una misma y conectar con lo importante.
La funcionalidad que no emociona se queda corta. La belleza que no sirve, también. Las dos cosas tienen que convivir.

Con el tiempo entendí que la misma mirada que aplico en una vivienda —mirar bien, decidir bien y sostener bien— también hacía falta dentro de muchos estudios de interiorismo. Por eso hoy conviven dos líneas, unidas por el mismo criterio.
Un espacio para interioristas que necesitan más base, más estructura y menos improvisación. No desde teoría suelta, sino desde experiencia real y decisiones mejor sostenidas.
Ver Programa UTRILLA →Mi línea de diseño residencial. Selectiva, pausada y con lista de espera. Pensada para viviendas que necesitan orden, belleza funcional y una base clara antes de ejecutar decisiones importantes.
Entrar en lista de espera →No trabajo desde una teoría aislada. Trabajo desde años de práctica, proyectos reales, decisiones difíciles y una forma muy concreta de entender qué sostiene de verdad un espacio y qué sostiene de verdad un estudio.
El Mueble, HOLA, Interiores, TN Argentina, El País o Westwing son algunos de los espacios donde ha aparecido mi trabajo o mis ideas.




Vivo en Valladolid con mi marido, con mi hija y con Garbanzo. Y, seguramente por todo lo que he vivido y por cómo he construido mi trabajo, cada vez valoro más las cosas que de verdad sostienen una vida buena: tiempo juntos, calma, risas, planes sencillos y momentos que sí se sienten propios.
Me gusta pensar que una casa también está para eso. Para los bailes divertidos en familia, para una tarde cualquiera que termina siendo memorable, para volver del exterior y notar que dentro hay sitio para descansar, jugar, hablar y reírse sin estar pendiente de todo.
Nos gusta viajar, salir a la naturaleza, vivir pequeñas aventuras y tener espacio para estar presentes de verdad. Quizá por eso defiendo tanto los hogares que no aprietan, que no exigen una perfección constante y que dejan que la vida pase bien dentro de ellos.

Si eres interiorista y sientes que ya no te falta talento sino una base más clara para sostener tu estudio, empieza por el mini-sistema o entra directamente en Programa UTRILLA. Si buscas diseño residencial, Refugio sigue disponible en lista de espera.
¿Buscas diseño residencial? Puedes entrar aquí en la lista de espera de Refugio.
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